Los humanos, por muy inteligentes que nos creamos, cometemos muchos errores y actuamos de manera irracional. Esta es una de las bases de la Economía del Comportamiento (Behavioral Economics), que llegó a desafiar como piensan muchos economistas. La teoría económica tradicional asume que las personas somos racionales y siempre tomamos las decisiones que más nos convienen, optimizando, sacando cálculos y sin tomar en cuenta nuestros sentimientos. Pero ya es hora de que lo sepas: los humanos no funcionamos así.

Por ejemplo, todos sabemos que ahorrar una porción de nuestro salario es bueno, comer saludablemente es excelente y hacer ejercicio nos hace más felices, ¿pero en realidad, cuántos de nosotros hacemos todo eso? Mucha gente asume que al darle más información a las personas, mágicamente comenzarán a tomar mejores decisiones. Y ojalá fuera así de sencillo, pero el problema es que en la mayoría de casos, no ocurre así. Sabemos que comernos una ensalada con agua de jamaica es mucho más sano que una hamburguesa y una malteada de vainilla. Pero, si nos dieran a escoger, ¿cuál elegirías?

Lo mismo aplica para las decisiones financieras que tomamos. No importa si tienes un doctorado, tienes maestría en finanzas o trabajas en un banco, lo más probable es que cometas errores al tomar decisiones financieras todos los días. ¡Te lo decimos por experiencia, conocemos gente con muchos estudios que tienen deuda de tarjeta de crédito (como si un Maestro en Finanzas no supiera que está pésimo pagar intereses de un 80% anual)!

Los Economistas de Comportamiento han descubierto algunos fenómenos, llamados sesgos y heurísticos, que explican por qué cometemos este tipo de errores. A continuación te presentamos algunos de ellos:

Anclajes.

  • Escenario 1: Estás a punto de hacer una donación a tu fundación de beneficencia favorita. En un formulario te preguntan cuánto deseas donar, las opciones son a) $50, b) $100 c) $150 y  d) otra cantidad.
  • Escenario 2: Misma fundación, mismo formulario, pero las opciones en este caso son a) $100, b) $200, c) $300 y d) otra cantidad.

¿En cuál de los dos escenarios anteriores crees que la gente done más dinero? En ambas opciones tienes la posibilidad de donar la cantidad que tu quieras, pero hay una diferencia muy importante (e influyente). En el segundo escenario tu mente fue “anclada” a que pensara en números más grandes y por consecuencia donarás más.

Procrastinación.

Siempre decimos que en el futuro vamos a ahorrar más, gastar menos y salir de deuda. Pero, ¿por qué posponemos lo que podríamos empezar hoy? Resulta que las personas somos muy malas planeando para el futuro, ya que estamos más conscientes y conectados con el presente. Nos cuesta trabajo comprometernos con cosas que nos traerán grandes recompensas en el futuro, pero nos costarán en el presente. Es por eso que preferimos gastarnos todo nuestro dinero hoy, planeamos empezar la dieta hasta el próximo año y dejamos la tarea hasta el último minuto.

La falacia de la mano caliente.

Imagínate que estás viendo al basquetbolista Lebron James en la televisión, no ha fallado ni un solo tiro en toda la noche, está enrachado y seguramente anotará en su siguiente intento, ¿no? Pues puede ser que sí, o puede ser que no. Pero el hecho de que no haya fallado hasta ahora no influye en las posibilidades de que enceste en su próximo intento. A esto se le llama la falacia de la mano caliente y si te gustan las apuestas, has experimentado este fenómeno de primera mano. Es muy difícil retirar tu dinero cuando “traes suerte” ya que quieres aprovecharla y probablemente terminarás perdiendo más dinero de lo que deberías.

decisiones financieras

El dolor de pagar.

¿Has notado que gastas más dinero con tu tarjeta de crédito? ¿Sabes por qué los casinos utilizan fichas en vez de dinero real? Lo que sucede es que tanto las tarjetas de crédito, como las fichas en el casino, te causan un menor “dolor” al pagar que si lo hicieran con dinero en efectivo. Para el cerebro, es menos tangible (en otros palabras, se da menos cuenta) de que estás gastando más de lo que deberías en ese nuevo videojuego.

Ilusión de superioridad.

Nunca he creído que soy el mejor conductor que existe, pero si alguien me preguntara, ¿crees que eres mejor que el promedio? Definitivamente diría que sí. ¿Has visto todos los choques que hay? Claro que yo soy mejor que el promedio, del 1 al 10 diría que soy un 8. El problema es cuando le preguntas a los demás, ¡todos dicen ser mejores que el promedio! Y si recuerdas tu clases de matemáticas de 6to de primaria, sabrás que esto no es posible. Lo que sucede es que a menudo tenemos la ilusión de que somos superiores al resto, cuando en realidad no es así. Al invertir en el mercado de valores, estas apostando a que eres más inteligente (o tienes más información) que el promedio de los inversionistas. Y, lamento decirte que a menos de que seas Warren Buffet, te será muy difícil vencer al promedio – sobretodo cuando cuentas las comisiones que te cobran por transacción.

Pero, no te alarmes, es parte de nuestra naturaleza humana cometer estos errores y eso no tiene nada de malo. En cambio, lo que tenemos que hacer es ser conscientes de que no somos perfectos y de que debemos utilizar mecanismos para evitar cometer este tipo de errores, especialmente cuando se trata de decisiones financieras. Por ejemplo, podríamos registrar nuestros gastos en un cuaderno para incrementar el dolor de pagar y así gastar menos. O, para evitar la ilusión de superioridad, podríamos dejar de tratar de adivinar si la acción de Apple va a incrementar e invertir en índices bursátiles (como el Índice de Precios y Cotizaciones en México) que tienden a subir en el largo plazo. O, podríamos desarrollar el hábito de destinar una parte de nuestra nómina, inmediatamente después de recibirla, al ahorro y así vencer la procrastinación. Cualquiera que sea la cuestión que tengas que mejorar, te invitamos a experimentar y ver qué es lo que a ti te funciona, para que así, ¡tomes mejores decisiones financieras (y de vida)!

P.D. Si te interesó este tema te recomiendo que leas “Un pequeño empujón” el libro del Premio Nobel de Economía Richard Thaler o que veas los videos de Dan Ariely en Youtube. También, te invito a que me escribas a manuel@digitt.com, me apasiona este tema y siempre es un honor conocer a más personas con los mismos intereses. ¡Saludos!